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16/7/13

Albano Martins: la poesía al nivel de la palabra

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(Entrevista de Antonio José Trigo a Albano Martins)


AJT: ¿Cómo fueron esos primeros encuentros con las palabras, su unión total en los poemas, y esa posterior evolución hacia un lenguaje como ˝vocación de silencio˝?

AM: Difícil es ahora —y difícil será siempre— decir cómo fueron esos encuentros, los primeros encuentros con las palabras. Lo que sabemos, eso sí, es que ellas nos esperan, alborozadas, desde el principio del mundo. Al principio era el verbo. Pero el verbo es también el fuego, y es la carne (˝y el verbo se hizo carne˝), y es la sangre. Por eso es que, al decir palabra, también decimos vida, llama, energía.

Palabra: parábola. Más que el nombre de las cosas, el discurso de la alegoría, de la comparación. O de la metáfora también. Exultación, exaltación. Revelación, ocultación. La voz y su eco. O su silencio. Es esta nuestra vocación, nuestra condena.

AJT: La poesía, ¿no es una, indivisible?

AM: Evidentemente. Una naranja es siempre una naranja: en Australia, en Japón, en las Antillas… Tiene características que la definen como fruto, la distinguen de otros frutos: de una manzana, de un melocotón… Es así la poesía. Una, indivisible, como dices. Independientemente de las escuelas literarias, de las tendencias, de los dogmas y de las modas. En todos los tiempos y lugares. En cualquier latitud o longitud.

Albano_Martins- As Escarpas do dia

AJT: ¿Qué opinas de las aproximaciones críticas a la poesía? Hay una mayoría que se pierden en visiones unilaterales mencionando exclusivamente las constantes temáticas. ¿No es hora ya de poner énfasis en el trabajo a nivel de la palabra, o bien en las inquietudes de los signos de vanguardia?. Hacer críticas globales, totales, que contemplen los itinerarios vitales literarios de cada cual. ¿Qué piensas?

AM: Uno de los equívocos del estructuralismo fue, en mi opinión, el de considerar la obra literaria como una construcción independiente de su autor. Los objetos no existen por sí mismos, cargan consigo —forzosamente, fatalmente— las marcas de la personalidad y, desde luego, de la subjetividad de su creador. No menos equívoca, sin embargo, es la interpretación de la obra a través de la biografía. Pienso que sí, que es ˝al nivel de la palabra˝ que debe ponerse el énfasis, cuando se aborda la creación poética. Hace un año atrás, conversando conmigo, Antonio Ramos Rosa me decía que la poesía no tiene que tener ˝mensaje˝. Estoy de acuerdo. Pienso que ella no debe, de hecho, colocarse al servicio de nada ni de nadie, que debe ser ella misma, y eso le basta. El tiempo de la partición de la poesía (y de la literatura, en general) está, felizmente, y ojalá que definitivamente, traspasado.

AJT: En tus poemas hay claridad. Allí coexisten la precisión de la imagen con la fluvial imprecisión de la música; la distancia metafórica y la participación afectiva; la nostalgia y la presencia… ¿Interioridad y exterioridad, la misma cosa?

AM: Sí, juzgo que uno de los trazos más evidentes de mi poesía es su carácter apolíneo, su claridad, como dices. Ese carácter —pienso yo— deriva tanto de mi naturaleza de meridional, del hombre del sur, como de mi idiosincrasia más profunda. Gusto de las navegaciones abiertas, de las líneas nítidas, precisas, de los precisos relieves. Sabiendo en buena hora que la luz es sólo el otro lado de la sombra, que en la presencia se implica la ausencia. Que vida y muerte son, al final, las dos caras del mismo rostro.

AJT: Las palabras, entonces, como partituras, como matriz musical, o como pinceladas, como manifestación pictórica. Es un hecho la colaboración estrecha que mantienes con algunos pintores portugueses como Julio, Aureliano Lima, Avelino Rocha, Luis Déme, Resende, Armando Alves, Tiago Manuel, etc., realizando ediciones y proyectos formales donde aúnas poesía y pintura. ¿Cómo surge esta mutua influencia?

AM: No sé si la vieja fórmula horaciana ut pictura poesis mantiene alguna actualidad. Pero, si la poesía no es ˝como una pintura”, hay, por lo menos, una poética de la pintura, como la hay de otras artes. Y hay también una poesía del color, de la línea, del trazo….

Mi relación con la pintura es antigua. Pero también lo es con la música. Si no fuese poeta, sería probablemente compositor o pintor. A través del lenguaje, procuro sorprender las omnímodas y secretas pulsaciones de lo real. Heráclito creía que del movimiento proviene toda la armonía del mundo. Panta rei. Todo fluye. Todo es ritmo, número, cadencia.

Es verdad que algunas veces llamo a colaborar conmigo artistas plásticos portugueses. Diálogo intersemiótico llama la profesora y ensayista Vera Vouga la relación que, en un libro que publiqué en 1988 (Vertical el Deseo), se establece entre mis poemas y los dibujos de José Rodrigues que los acompaña. Juzgo que ella, sin saberlo, responde a tu pregunta.

AJT: Lecturas enriquecedoras…

AM: Los poetas, leo siempre a los poetas, los grandes poetas, los que traen consigo un lenguaje nuevo, una visión nueva del mundo y de la vida. Ellos son los verdaderos demiurgos, por ellos el universo se (re)crea y acrecienta, el misterio se verbaliza y hace música, palabra esencial. Dedico algo de mi tiempo —el que me sobra, no mucho, de lo poco que dispongo— al ensayo. Cuando es verdaderamente creativo, como el de Octavio Paz y Eduardo Lourenço. Pero tengo siempre presentes las palabras de Rilke al joven poeta Kappus: “Lea el menor número posible de trabajos críticos y estéticos (…). Las obras de arte son de una soledad infinita: para abordarlas, nada peor que la crítica. Sólo el amor puede aprehenderlas…”

Antologia 100 Poemas para Albano Martins

AJT: Planes para con la poesía: futuros libros, inéditos, constancia con la poesía…

AM: Ya lo he dicho algunas veces: mi relación con la poesía, felizmente intensa, felizmente apasionada, es una relación descomprometida. De entera disponibilidad, sí, pero también de libertad. Compromiso, compromiso auténtico, indeclinable, el que tengo con la vida. No me siento, por eso, obligado al sedicioso comercio con las palabras, a su uso diurno y nocturno, como Horacio aconsejaba que se frecuentasen las obras de los autores griegos. Las visito, o ellas, las palabras, me visitan, en ocasiones dictadas, por la urgencia o por la necesidad. Más tengo algunos proyectos, sí. Me gustaría, en primer lugar, reunir en volumen (no tengo título para él) los poemas que, en los últimos años, publiqué dispersamente en diarios y revistas. Algunos prolongan un libro salido en 1980, la que llamé Inconcretos dominios; otros tienen motivaciones diferentes. No sé si el conjunto daría tal vez un libro, pequeño, sin embargo, y de difícil unidad. Y tengo algunos poemas —inéditos, en su mayoría— que, reunidos, daría probablemente otro libro. Un día de estos voy a revolver en los papeles y adivinarle las formas, presentirle la respiración. El nombre que escogí para él anda desde hace mucho en mi cabeza: Una colina para los labios. Será el tercero de una trilogía (los otros dos, ya publicados, son La Margen del Azul y Vertical el Deseo) que espero un día reunir bajo el título de Tres poemas de amor. Y tengo aún otro proyecto: terminar un libro al que llamo (provisionalmente) Los anillos de Saturno, del cual es parte integrante un conjunto de poemas publicados en 1990 con el título de Los peldaños de la memoria. Desgraciadamente este librito, por razones que me sobrepasan y apenan, no entró en los circuitos comerciales. Sólo algunos amigos tuvieron acceso a él, lo recibieron como presente.

Planes a largo plazo no tengo. No programo mi vida. No meto la poesía en la computadora.


(Entrevista dirigida y traducida por Antonio José Trigo, publicada en La Cuerda del Arco, mayo 1991, pág. 4)

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ALBANO MARTINS



Poeta portugués, nacido en la aldea de Telhado (concejo de Fundâo, distrito de Castelo Branco, provincia de Beira Baixa) en 1930.
Estudió Filología Clásica en la Universidad de Lisboa. Entre 1956 y 1976 impartió clases como profesor de enseñanza secundaria y, desde 1980 hasta su jubilación en 1993 desempeñó el cargo de Inspector Coordinador de la Inspección General de Enseñanza. Posteriormente, retomó las actividades docentes en la Universidad Fernando Pessoa de Oporto. Pertenece a la misma generación literaria que Raúl de Carvalho, Luís Amaro, José Terra, Antonio Ramos Rosa y otros, que fundaron la revista Árvore (Árbol) en 1951, con vida hasta 1953.
Su poesía se caracteriza por su brevedad y concentración (a veces, le basta una palabra o una imagen); aunque también se vale de recursos más complejos, como los ritmos y palabras rotos alternados con una métrica equilibrada, ambigüedad de sentidos... El tono predominante es la serenidad, a veces convertida en melancolía, pero que siempre asume la falta de realización de las ilusiones. Son versos cuidados, de retoque final esmerado.
Ha realizado además numerosas traducciones de poetas españoles de la Generación del 27 (Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Gerardo Diego y otros), y ha escrito algunos libros sobre el tema.
A principios de la década de los 80 formó parte con otros escritores de la Comisión de Instalación del Museo Nacional de Literatura de Oporto, y en 1987 preparó una Antología sobre el poeta simbolista portugués Eugenio de Castro, con prefacio suyo. Colaboró en innumerables periódicos y revistas portuguesas, españolas y brasileñas; participó en numerosos congresos literarios (el "XXI Congreso Brasileño de Lengua y Literatura" organizado por la Universidad del Estado de Río de Janeiro se le dedicó bajo el título 40 Años de Vida Literaria) y fue miembro de varias instituciones culturales portuguesas, entre ellas la Associação Portuguesa de Escritores y de la Associação Portuguesa de Tradutores.
Por otro lado, ha recibido varios premios por su labor poética y de traducción, y su obra es ya objeto de estudio para los críticos portugueses. Muchos de sus poemas han sido traducidos a otras lenguas: español, inglés, chino y japonés.

Obras

Poesía:


Secura Verde (Sequedad Verde, 1950); Coração de Bússola (Corazón de Brújula, 1967); Em Tempo e Memória (En Tiempo y Memoria, 1974); Paralelo ao vento (Paralelo al Viento, 1979); Inconcretos Domínios (Indefinidos Dominios, 1980); A Margem do Azul (La Orilla de Azul, 1982); Os Remos Escaldantes (Los Remos Escaldantes, 1983); Sob os Limos (Debajo de las Algas, 1986); Poemas do Retorno (Poemas de Regreso, 1987); A Voz do Chorinho ou os Apelos da Memória (La Voz del Sollozo o las Llamadas de la Memoria, 1987); Vertical o Desejo (Vertical el Deseo, 1988); Rodomel Rododendro (Rodomiel Rododendro, 1989); Vocação do Silêncio (Vocación de Silencio, 1950-1985, incluye "As Vogais Aliterantes", Las Vocales Aliterantes); Os Patamares da Memória (Los Descansillos de la Memoria, 1990); Entre a Cicuta e o Mosto (Entre la Cicuta y el Mosto, 1992); Uma Colina para os Lábios (Una Colina para los Labios, 1993); Com as Flores do Salgueiro (Con las Flores de Sauce, 1995); O Mesmo Nome (El Mismo Nombre, 1996); O Espa o Partilhado (1998); A Voz do Olhar (La Voz de Mirar, 1998); Escrito a Vermelho (Escrito en Rojo, 1999); Agenda Poética 2000 Albano Martins, 2000; Secura Verde (2000); Assim São as Algas – Poesia 1950-2000 (2000); Antología Poética (2000); Frágeis São as Palavras (2004); Três Poemas de Amor Seguidos de Livro Quarto (2004); Agenda Poética 2005 (2005); 25 Quadras de Natal (2006); Agenda Poética 2008 (2008); Assim a Cal, Assim o Musgo (2008); As Escarpas do Dia (2010). Algunos de sus poemas están insertos en obras colectivas.

Traducción:

O Essencial de Alceu e Safo (Lo Esencial de Alceo y Safo, 1986); Cantos, de Giacomo Leopardi (1986); Cántico dos Cánticos, de Salomão (1988); Dez Poetas Grecos Arcaicos (Diez Poetas Griegos Arcaicos, 1991); Dez Poetas Italianos Contemporáneos (Diez Poetas Italianos Contemporáneos, 1992); Os Versos do Capitão, de Pablo Neruda (Los Versos del Capitán, de Pablo Neruda, 1996); Canto Geral, de Pablo Neruda (1998); Antologia Poética de Rafael Alberti (1998); 50 "Xiaoling", de Zhang Kejiu (1998); Do Mundo Grego Outro Sol – Antologia Palatina e Antologia de Planudes (2002); O jardim adormecido e outros poemas, de Mahmud Darwich (2002); Pequena Antologia da Poesia Palestiniana Contemporânea (2004); Cadernos de Temuco, de Pablo Neruda (2004); Cantos, de Giacomo Leopardi (2005); As Núpcias Silenciosas, de Lourdes Espínola (2006); A Mãe na Poesia Portuguesa (2006); A Letra e as Tintas (2006); Livro das Perguntas, de Pablo Neruda (2008); Antologia da Poesia Grega Clássica (2009).

Prosa:



Literatura Infantil/Juvenil:



Organización de ediciones:




14/3/10

Entrevista a Eugenio Montejo



Entrevista a Eugenio Montejo

Por Antonio José Trigo

[Entrevista imaginaria al poeta venezolano Eugenio Montejo con las respuestas extraídas de sus libros de poesía. El lugar: su casa en Lisboa, donde trabajaba entonces como consejero cultural en la embajada de su país, y donde le visité por sorpresa junto con mi mujer, tras una breve relación epistolar. Fecha: el día 4 de enero de 1992. Este es el curioso testimonio rescatado en un ejercicio de imaginación por tener una entrevista con el poeta, porque el cuestionario lo redacté tras dicha visita y nunca se lo envié.
Tras regalarle mis libros “Rapsodia de lo oscuro ofreciente” y “Estancia de los detenimientos”, él me obsequió y dedicó su antología “Alfabeto del mundo” (Fondo de Cultura Económica, Colección Tierra Firme, México, 1988), acercándome incluso de una pared próxima el cuadro “Escritura XI” del pintor Manuel Quintana Castillo, que ilustra la portada de dicho libro, al mismo tiempo que nos ofrecía un vaso de whisky, que no aceptamos. Al poco rato de nuestra charla, afirmó que “la poesía es la última religión que nos queda”. Una afirmación que no he compartido nunca.]


A.J.T.- “A través de su poema, el poeta forja la memoria”, afirmó H. G. Gadamer. La poesía, para usted, ¿debe tocar siempre las teclas que mueven el recuerdo, la nostalgia, la fascinación? ¿Puede un libro de poemas ser algo más que la suma de las complacencias morosas de nuestro pasado?

E.M.- Lo que escribí en el vientre de mi madre / ante la luz desaparece. / El sueño de mi letra antigua / tatuado en espera del mundo / se borró a la crecida del tiempo. / Colores, tactos, huellas / cayeron bajo túmulos de nieve. /
Sólo murmullos a deshora / afloran hoy del fondo, / visiones en eclipse, indescifrables, / que envuelven el vaho de los espejos. /
Mis ojos buscan en el aire / el espacio del alma en que flotaban / y se pierden detrás de su senda. / Lo que escribí en el vientre de mi madre / quizá no fue sino una flor / porque más hiere cuando desvanece. / Una flor viva que no tiene recuerdo.

AJT.- Su poesía tiene el ritmo como norma. Esto se advierte en parte debido a su pasión órfica, puesto que el mundo para usted es constancia, ritmo, vigilia y gozo. ¿Por qué ese regreso constante a sí mismo, ese ejercicio del recuerdo que conduce siempre a uno mismo, “por cual causa o nostalgia”, que diría Juan Sánchez Peláez?

EM.- Me dejaron solo a la puerta del mundo, / poeta expósito cantándome a mí mismo, / un día de otoño, hace ya mucho tiempo. / De un golpe seco me arrancaron a la nada, /tronchado de raíz, / con dos ojos abiertos y un grito, / el hondo grito de quien soñó ser pájaro / y no trajo las alas para el vuelo. / Me fui rodeando del misterio terrestre / donde aún no sé si vivo o sueño, / si al fin la muerte vendrá en un torbellino / que me arroje mañana ante otra puerta. / No adivino mi origen, mi futuro, / aunque por sangre soy fiel a las palabras / y puedo jurar que cuanto escribo / proviene como yo de algo muy lejos… / Poeta expósito, errando a la intemperie, / mi único padre es el deseo / y mi madre la angustia del huérfano en la tierra.

AJT.- Leyendo su obra es fácil llegar a la siguiente conclusión: la profundidad no puede ser alcanzada más que por medio de la rememoración. De lo contrario, pareciera que la torpe maldición de una larga y sentida amnesia irá nombrando cada palabra en falso. Para usted, por tanto, ¿la memoria y la profundidad son lo mismo?

EM.- Mis mayores me dieron la voz verde / y el límpido silencio que se esparce / allá en los pastos del lago Tacarigua. / Ellos van a caballo por las haciendas. / Hace calor. Yo soy el horizonte / de ese paisaje adonde se encaminan. /
Oigo los sones de sus roncas guitarras / cuando cruzan el polvo y recorren mi sangre / a través de un amargo perfume de jobos. / Bajo mi carne se ven unos a otros / tan nítidos que puedo contemplarlos. / Y si hablo solo, son ellos quienes hablan / en las gavillas de sus cañamelares. / Hace calor. Yo soy el muro tenso / donde está fija su hilera de retratos. /
Mis mayores van y vienen por mi cuerpo, / son un aire sin aire que sopla del lago, / un galope de sombras que desciende / y se borra en lejanas sementeras. / Por donde voy llevo la forma del vacío / que los reúne en otro espacio, en otro tiempo. / Hace calor. Hace el verde calor que en mí los junta. / Yo soy el campo donde están enterrados.

AJT.- Terredad. El hombre, pese a todo, tiene su origen en la tierra; su piel es la frontera que lo separa del mundo. Su paso es transitorio: todo vuelve a la tierra. ¿Cree, pues, que la función del poeta es recordar que la vida, aunque se disfrute, conlleva la idea de la muerte?

EM.- Dura menos un hombre que una vela / pero la tierra prefiere su lumbre / para seguir el paso de los astros. / Dura menos que un árbol, /que una piedra; / se anochece ante el viento más leve, / con un soplo se apaga. / Dura menos que un pájaro, / que un pez fuera del agua: / casi no tiene tiempo de nacer; da unas vueltas al sol y se borra / entre las sombras de las horas / hasta que sus huesos en el polvo / se mezclan con el viento. / Y sin embargo, cuando parte / siempre deja la tierra más clara.

AJT.- “La oscuridad de Dios nunca deja ver nada claro”, dice un verso suyo. ¿Cree sinceramente que la poesía es una forma de religiosidad, que la poesía es una forma de redención que toma el lugar de la creencia abandonada de Dios? Usted ha dicho en alguna ocasión que “la poesía es la última religión que nos queda”. Háblenos más de ello.

EM.- Para que Dios exista un poco más / —a pesar de sí mismo- los poetas / guardan el canto de la tierra. / Para que siempre esté al alcance / la cantidad de Dios / que cada uno niega diariamente / y puedan ser al fin ateos / los hombres, las nubes, las estrellas, / los poetas en vela hasta muy tarde / se aferran a viejos cuadernos. /
Dios rota en sus eclipses / y se deja soñar desde muy lejos. / En medio de la noche / las sombras borran las ventanas / de rectos edificios. / Son pocas las lumbres encendidas / que tiemblan a esa hora / en la intemperie, / son pocas, pero cuánto resisten / para inventar la cantidad de Dios / que cada uno pide en sueño.

AJT.- La poesía, en su sentido espiritual, apoyada en las nervaduras de la palabra, no resiste el embate de la cultura; por tanto, la literatura es hostil a la poesía en cuanto que ésta se derrumba incapaz de cohesión al suelo. ¿Cree que la poesía está cayendo sencillamente como cae “la edad, el fruto y la catástrofe”, por emplear un verso de José Gorostiza?

EM.- En vano me demoro deletreando /el alfabeto del mundo. /Leo en las piedras un oscuro sollozo, /ecos ahogados en torres y edificios, / indago la tierra por el tacto / llena de ríos, paisajes y colores, / pero al copiarlos siempre me equivoco. / Necesito escribir ciñéndome a una raya / sobre el libro del horizonte. / Dibujar el milagro de esos días / que flotan envueltos en la lu / y se desprenden en cantos de pájaros. / Cuando en la calle los hombres que deambulan / de su rencor a su fatiga, cavilando, / se me revelan más que nunca inocentes. / Cuando el tahúr, el pícaro, la adúltera, / los mártires del oro o del amor /son sólo signos que no he leído bien, / que aún no logro anotar en mi cuaderno. / Cuánto quisiera al menos un instante / que esta plana febril de poesía / grabe en su transparencia cada letra: / la o del ladrón, la t del santo, / el gótico diptongo del cuerpo y su deseo, / con la misma escritura del mar en las arenas, / la misma cósmica piedad / que la vida despliega ante mis ojos.

AJT.- Guillermo Sucre dice (en su memorable “La máscara, la transparencia”) que “oímos una voz que discurre con libertad y hasta con cierto don poético, esa vo siente luego que está violando un secreto o que simplemente se ha excedido o quizá que ha tomado el mal camino, incluyendo el poético, y entonces sabe replegarse sobre sí misma, se concentra (¿o se dispersa?) hasta regresar al silencio; se borra finalmente y se acoge al orden (¿real, irreal?) del mundo”. He aquí enumeradas algunas de las características de la poesía que hoy en día se hace, y que algunos han bautizado como “poética del silencio” o “poética de la retracción”. Sin embargo, ¿no cree usted que es bueno el silencio pero nada hay mudo?

EM.- Creo en la vida bajo forma terrestre, / tangible, vagamente redonda, / menos esférica en sus polos, / por todas partes llena de horizontes./
Creo en las nubes, en sus páginas / nítidamente escritas, / y en los árboles, sobre todo al otoño. / (A veces creo que soy un árbol.) /
Creo en la vida como terredad, / como gracia o desgracia. / —Mi mayor deseo fue nacer, / a cada ve aumenta. /
Creo en la duda agónica de Dios, / es decir, creo que no creo, / aunque de noche, solo, /interrogo a las piedras, / pero no soy ateo de nada / salvo de la muerte.

AJT.- “Alguna vez escribiré con piedras, / midiendo cada una de mis frases / por su peso, volumen, movimiento. / Estoy cansado de palabras”, así comienza su poema “Escritura” de “Alfabeto del mundo”. ¿Quiere esto decir que las palabras, el poema, nos separa de las cosas?

EM.- Por el tiempo que quede / enseñemos a hablar a las piedras. / Un poco de paciencia basta, un poco de nieve, / algún sollozo menos refractario. / Azules son las voces del Atlántico / y con rumor de caracolas ebrias, / ¿por qué nadie las dice a las piedras? / Ellas quedarán por nosotros, / ellas se lavarán en el diluvio /profundas, porosas, inocentes, / Un poco de paciencia basta, un poco de nieve, / un simple amago más fraterno. / Ellas podrán contar a solas / la última historia de la tierra / y recordarnos ante el mar / cuando arrastren las olas otros leños.

AJT.- Las palabras decretan los cursos subterráneos del aliento. Sin embargo, las palabras nos brindan murallas de babel. Tras una palabra hay otra palabra como tras un rostro hay otro rostro. Las palabras participan en el mundo. Y todavía más: es el mundo en pleno proceso. Es movimiento, es vida. A este respecto, ¿cree usted que en las palabras no ocurre nada, sólo la presencia virtual de las cosas; que el mundo se evade y el hombre se queda como en una candor que todo ignora? ¿Es la carencia la que nos hace escribir?

EM.- Cuando me vaya de la tierra dormido / todos mis poemas volarán por el aire…/ La sangre escrita de mis noches en vela, / el frágil cuerpo donde me resguardo / y los sueños hurtados a los días / también se irán conmigo en el gran viaje./ Me llevaré la calle donde vivo / y esta ciudad amada piedra a piedra, / llena de autos feroces / hechos para velocidades invisibles. Uno tras otro me seguirán los libros / en su fila de errante peregrinaje / con letras verdes, rojas, amarillas. / A través de las nubes, gravitando / en sus blancos molinos inocentes / retornaré al lugar donde me hallaba / antes de haber nacido. / Ya no hablaré sino el idioma de los pájaros. / Todos mis poemas volarán por el aire.




[Eugenio Montejo nació en Caracas el 19 de octubre de 1938, y murió en Valencia el día 5 de junio de 2008]

17/10/09

Casimiro de Brito: entre el caos y la transparencia

Al leer los poemas de Casimiro de Brito uno encuentra las características de la buena poesía, que podríamos enumerar de la siguiente manera: el poema pasa sin solución de continuidad desde la explosión del conocimiento hasta el sonambulismo de aquellos momentos en que la realidad es tan excesiva que se pierde la noción de las cosas; pasa desde la revelación de la flor hasta la visión de la opresión y del amontonamiento de oscuras demoliciones; desde la acción hasta la contemplación; desde la desmesura de la batalla poética hasta la irrealidad de un aturdimiento sin sentido.
Estas características, junto a aquellas otras que él mismo nos sugiere en esta conversación, nos acercan a su mundo poético.



¿Es posible considerar la poesía como un ejercicio de pureza contra la cruel amenaza del lenguaje?

— ¿Cuánto pesa una palabra? ¿Dónde la balanza que las pueda pesar si ellas, las palabras, son a veces más leves que el aire? Sutil aproximación del silencio la que se hace a través de la palabra poética, alquímica. Cuando un hombre se aproxima a la esencia del ser y siente fundirse al cuerpo en redor; en el dorso infinito de la madre absoluta... La palabra, entonces, sólo tiene sentido si disimula las dunas del silencio. Desnudamiento mutuo al final —ritmos que se confunden como se confunden, en la pintura de Tapiès, la cruz obsesiva y la miel de la tierra, como en nuestra vida se confunden en cada momento el magma y la ceniza y, en la rosa, su voluptuosidad y la dolencia anunciada... ¿Qué hago yo entonces en los libros de mi oficio? Deslizo, me muevo como puedo entre la escritura de la tierra y el vacío flexible de mis propias señales, signos. Dos respiraciones. Tal como Descartes se veía “en el término medio entre Dios y la nada, (...) entre el ser supremo y el no-ser”, así me muevo yo en estas aguas casi heladas de donde salgo terriblemente quemado.

—Reducir la poesía, como suele hacerse, a un discurso literario al servicio de diferentes y contradictorias estrategias culturales es una de las formas más seguras de empobrecerla y despojarla de su contenido espiritual. ¿Estás de acuerdo con nosotros en creer que la palabra poética, el legado espiritual de la poesía, son normas de perfección interior y humanidad que nada tienen que ver con las proclamas de algunos grupos y su manipulación interesada por quienes se esfuerzan en promover una atmósfera de confusión y de literatura comercial?

—La palabra comercial no tiene nada que ver con el mundo, sino apenas con las estrategias casi siempre pornográficas de un submundo pseudo-cultural. El contrato "entre la palabra y el mundo" de que habla Georges Steiner está siempre por ser roto por unos y recuperado por otros, y ese contrato no deja de fascinarme, ante todo porque ni las rupturas son definitivas (aunque se trate de Mallarmé o de Joyce), ni las alianzas exentas de distanciamiento. Signos que nos parecen en un momento dado pegados a lo real, trátese del mundo exterior o de realidades personalísimas, surgen después, por la magia de su transparencia, en situación soberana y casi "artificial", lo que de hecho son: artificios de papel donde se inscribe la memoria del olvido, la “claridad cósmica” mencionada por Hermann Broch. Más aún: si no siempre es legible en la palabra poética el caos, la angustia de su origen, algunos, algunos oídos privilegiados podrán escucharla. Todos cabemos, aunque diferentemente, en el espacio que se forma alrededor del poema. Un juego, al final; un juego perverso entre un “homo ludens” que permanece muerto bajo la luz de su texto y otros hombres no menos lúdicos que transforman el poema en su casa impermanente, ahí donde otro ser de nosotros es fundado.

—Para ti el poema es “de fuego devorador”; como el agua, los poemas están “abiertos a la geometría de todos los cuerpos”. ¿Entiendes, por tanto, el poema como una alineación de símbolos cuyos destellos brotan a medida que se penetra la geometría espiritual de las palabras?

—El poema para mí es fuego devorador pero es también otras innumerables cosas... que oscilan entre el caos primordial y un cierto deseo de transparencia. “La transparencia de todos los misterios”, escribía Lezama Lima en un diario de 1939... ¿Será la transparencia de los enigmas más oscura que el enigma de transparencia? Esa claridad, ese deseo de transparencia que me sustenta no es menos oscuro, no... oscuridad de metáforas blancas, vocación del "haiku" o del aforismo, hilos del habla que se aproximan al invisible como si yo viese lo que de hecho no puede ser visto ni escuchado.

—Como el árbol se pliega a su tropismo, el animal a su instinto, ¿crees que la palabra se pliega a una motivación de luz?

—La luz, la luz...”habitarla / suspenderme ileso en ella / y en mi rostro sereno / libertarla” —escribí hace 30 años, allá lejos en el comienzo del oficio. Y no aprendí nada. La vocación de la luz continúa, una luz o sonido fósil que preside nuestra pobre diáspora, pero ahora yo sé (aunque no sepa nada) que la morada de la luz es al mismo tiempo un deseo y un destino. No hay diferencia entre el día y las tinieblas, entre caos y armonía, lo que hay son ritmos, ciclos, mareas; no hay diferencia fundamental entre ser hombre y no serlo, entre la vida y la muerte —breves y varias respiraciones de la Gran Respiración. ¿Podrá el poema decirla? Broch dice que sí, que ella, la literatura, “incorpora el reflejo de ese brillo transcendente”. Es una cuestión de alcanzar o no la perfección, sus márgenes —una perfección que en sí contenga una saludable reserva de caos, de impureza, de “signos en rotación”, en fin, ese lugar oscuro donde una presencia inaugural sea también un lugar ausente que acoja nuestra tendencia al exilio, a una soledad más acompañada. El poema dura (la dulce soledad del poema) porque está lleno de misterio, ese frágil misterio del “duro deseo de durar” de que hablaba Eluard.

—Igualmente podríamos decir que la palabra se pliega a una motivación de silencio, ¿no?

—El silencio, si. El silencio. Pudiese yo merecerlo.

—El poema, ¿es el único país donde nos derrotan?

—No sé. El poema no es efímero ni eterno, oscila, es un animal mutante y mudado por quien lo frecuenta, un insecto de mil colores de inmediato asociado a otros modos de escucha, y todos ellos son justos. No me olvido que el poema es también el acto tan subjetivo de “descifrarlo”, de asociar a su cuerpo una piel nueva para uso de quien a él se acrecienta. Cada lector de San Juan de la Cruz leerá otra cosa en estos versos:


“Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche”.


La clarividencia que cada uno de nosotros asocia a este terceto lo vuelve un objeto múltiple, animal andrógino y variadísimo, sonido zen, exorcismo, amazónica floresta. En este sentido el poema es más espejo que ventana.

—Entonces, ¿crees que el poeta es quien, obligado a contemplarse en el mismo espejo sin cambiar de tierra ni de cielo, hace de su manera de esquivar lo más tedioso cotidiano toda una razón de fuego, transparentando la podredumbre y la belleza del día?

—No sé. O muy poco. Sé que hay una balanza cualquiera..., una balanza donde se pesa el banquete invisible, su prolongada devoración... Donde todo ese manantial se pesa y repesa con los signos del vacío y de la nada... suprema depuración. Me seduce el silencio pero soy donde estoy siendo una voz infinita —el todo del centro y la nada en abierto como si me dictasen cualquier cosa desde muy lejos. Pero digo, insisto: no me distraigan, no me desvíen de mi camino, de la única cosa que poseo, el ritmo personalísimo de mi muerte.


Entrevista de Antonio José Trigo

(Publicada en la revista “Imagen Latino Americana”, Caracas Venezuela, 1993)